Sobre no-balances y septiembres

Siento que este va a ser un post largo, intenso y probablemente lleno de desvaríos. Así que coge un café, té o el líquido acompañante de lecturas de tu elección, y ponte cómodo.

Balance de… ¿junio, julio, agosto?

Que alguien me mate. De verdad, quiero dejar de sufrir.

Después del balance de mayo (*), tenía preparados unos posts —épicos y larguísimos— para publicar que ya no sé ni dónde andarán, si en Evernote o a saber.

Luego iba a publicar el balance de junio, pero pasó algo, ya ni recuerdo el qué.

Luego cuando el de julio, pasó otro algo (estaba entonces en España, creo).

En agosto apenas he hecho nada dedicado a mi carrera de escritora, así que ni merece la pena mencionar el balance de este mes.

El caso es que siempre me está pasando algo. Siempre hay algún acontecimiento, cosa, evento que requiere de repente de toda mi atención y me tiene “secuestrada” durante cierto período de tiempo, en el que tengo que estar apartada de mis planes y de mi escritura.

Y estoy harta.

HAR-TA.

(*) Es peor de lo que pensaba, al pegar este texto en el blog me he dado cuenta de que tampoco publiqué el balance de mayo. En fin.

¿Qué he hecho estos meses?

Voy a hacer un no-balance, porque tampoco tengo los datos. A finales de julio dejé de contar palabras; es un dolor cuando estoy editando. Estoy más tiempo contando palabras que escribiendo. Así que ahí va un resumen:

1. Seguir editando (sí, el primer libro de la trilogía, todavía). Excepto en agosto, que apenas lo he tocado. Esto empieza a ser ridículo. Tengo que terminar YA.
2. Escribir historias: he estado escribiendo un montón de historias cortas durante este tiempo, que voy a recopilar en un libro y publicar. Hay una historia (valga la redundancia) detrás de este proyecto, pero daría para otro post, así que ya la contaré.
3. También he empezado a hacerme la web de autor, he elegido el nombre con el que voy a publicar y he comprado el dominio. Algo es algo.

Acción / Reacción

Estoy un poco hasta el gorro de que la vida me lleve y me traiga, y sentirme todo el tiempo como si estuviese cruzando el océano en una barca pequeña e inestable y tuviese que remar y a la vez luchar con tormentas, olas de 10 metros, tiburones, etc; y cada vez que lidio con una de estas cosas sale otra nueva, y no sé adónde voy ni qué camino estoy siguiendo, porque estoy todo el tiempo peleándome con las circunstancias y problemas varios y no tengo tiempo para parar, respirar, sacar la brújula y pensar adónde voy.

Así llevo prácticamente desde que empecé a tomarme en serio la escritura, el año pasado, a mediados de julio (más de un año ya). Probablemente lleve así más tiempo, pero es ahora cuando me he dado cuenta de que mi vida, mi rutina y mi todo consisten en reacción, no en acción. En reaccionar frente a todos los problemas y cambios de la vida, no en provocarlos, no en tomar yo el control, el timón, de una vez.

Estoy exhausta. Cuando no es una cosa, es otra. Y lo peor es que las calamidades/resolución de problemas me llevan absolutamente todo el día, las 24 horas. Si quiero crearme una carrera de escritora, y quiero, algo tiene que cambiar YA. Tengo que poner la escritura por delante de todo lo demás, tengo que parar el mundo una hora o un par de horas al día –eso para empezar, claro; no creo que nadie pueda dedicarse a escribir profesionalmente con solo ese tiempo– y quedármelas para mí. No abrir el email, no coger el teléfono, no estar para nadie. El mundo no se va a derrumbar porque no estemos disponibles un rato al día, ¿verdad? (Quiero pensar que no.)

Dentro de nada, después de finalizar una búsqueda de piso que no se la deseo ni a mi peor enemigo, toca mudanza (otra ola de diez metros). Supuestamente tendré una oficina para mí, un lugar donde poder cerrar la puerta y escribir. Eso está muy bien (de hecho, es con lo que llevo soñando desde que vine a Londres, aunque he tenido que irme de Londres para conseguirlo), pero no puedo parar mis planes hasta tener mi escritorio montado, todo colocado y el portátil abierto con el Scrivener en la pantalla. Sobre todo porque estoy segura de que entonces surgirá alguna otra cosa que succionará mi tiempo. Como solía decir mi madre (cuando le dábamos la barrila para que nos comprase un blandiblub o una mano loca 😀 ), «cada día un texto nuevo».

Así, la solución no está en esperar a que los avatares de la vida pasen, porque me temo que siempre habrá algo pendiente, de fondo, que requiera nuestra atención. El reto está en poder escribir, seguir adelante, a pesar de todo eso.

¿Qué como lo voy a hacer?

Buena pregunta.

Mañana es día 1 de septiembre, y aunque hace eones que salí de la vida estudiantil, no puedo evitar ver siempre estas fechas como una suerte de nuevo comienzo, casi como un nuevo año. Curso nuevo, ilusiones nuevas, planes nuevos.

Planes nuevos

No voy a repasar los planes que tenía para este año 2016, porque no quiero deprimirme (más). No digo que no lo haga, pero ahora no va a ser. Ahora voy a pensar en nuevas metas, en el tiempo que queda de año (ojo, que son cuatro meses enteros, tampoco es moco de pavo), y en lo que quiero hacer en ese tiempo:

Terminar de editar la primera novela de mi trilogía y publicarla (antes de NaNoWriMo, entre septiembre y octubre).
Utilizar NaNoWrimo para terminar la tercera novela de la trilogía, que la tengo solo esbozada (de la segunda tengo un borrador bastante limpio).
⁃ Publicar mi libro de historias cortas (cuanto antes).
⁃ Poner en pie mi página web de autor (antes incluso de publicar mi libro de historias).
Aprender a usar las redes sociales. Facebook, para empezar (luego tendré que investigar cuáles más son útiles para escritores. Me siento mayor). Lo sé, lo sé: llego tarde. Pero me había resistido hasta ahora (tengo una edad: cuando yo estaba en la universidad no había ni móviles ni internet), y ahora estoy sobrecogida de todo lo que hay ahí fuera que no sé usar.
⁃ Empezar (sí) de nuevo el curso de Holly Lisle “How to think sideways”, al que me apunté con toda la ilusión del mundo a mediados de junio y del cual solo he completado la primera lección. El curso me estaba gustando mucho, pero justo en esa época tuve que empezar a luchar contra los elementos, otra vez (ver analogía de la barca de arriba) y no he podido continuar.
⁃ Y ya está. Creo.

Conclusiones

Ya siento la longitud del post, pero una de mis estrategias para quitarme el defecto del perfeccionismo de encima es escribir como salga, y solo repasar para corregir erratas. Nada de cortar. Total, tampoco es que me lea muchísima gente (una disculpa a los que sí me leéis. Os estoy robando un tiempo precioso que podríais estar dedicando a escribir 😀 ).

Hay que pasar a la acción. Y eso es lo que voy a hacer. Para empezar, mañana me voy a poner el despertador una hora antes (muero). Voy a empezar bloqueando una hora para mi escritura esta semana, e intentar aumentar el tiempo la siguiente, pero nunca bajar de una hora al día.

He escrito este post desde la rabia de que las minucias de la vida se estén comiendo mi sueño. No voy a dejar que eso pase. He esperado mucho tiempo (toda mi vida, casi) para poder hacer esto, para poder dedicarme a esto, para poder ESCRIBIR, y lo voy a hacer. Me cueste lo que me cueste. Sueño, esperanza de vida, me da igual. Es lo único que siempre he querido hacer, y es lo que voy a hacer.

Gracias por leer 🙂

2 comments on “Sobre no-balances y septiembres

  1. ¡Ánimo, Lorena! Si te sirve de consuelo, yo estoy en las mismas en estos momentos, o al menos muy parecidos. Después de más de un año sin publicar nada y casi tanto peleando con la última parte de mi trilogía, uno se cansa de que la vida se entrometa en su sueño. Sé que no es mucho consuelo, pero no eres la única ni estás sola, y lo importante es que vas dando pasos en la dirección que quieres. Por pequeños que sean, son avances y así debes considerarlos.

    Me gustaría darte algún consejo más, pero ya veo que vas a aplicarte el truco de despertar una hora antes. Sigue por ese camino, ya verás que el sueño está sobrevalorado, jajajaja… Más allá de eso, usa la matemática: si para terminar de editar tu novela, necesitas editar (por poner) 60.000 palabras y sabes que en repasar y editar 1.000 palabras tardas una hora (no creo, pero es un ejemplo), distribúyete esas 60 horas que necesitas en tu semana. Quizá puedas echar un par de horas al día o quizá lo acumules todo en el fin de semana, pero que sea algo con lo que estés cómoda. Y cuando tengas hecho ese plan, síguelo al pie de la letra. Esa hora que echas ahora puede costarte y hacerte sentir que te queda un mundo, pero es una hora menos. Recuerda que para comerte un elefante, tienes que ir bocado a bocado…

    ¡Un abrazo!

    • ¡Gracias Miguel Ángel! 🙂

      Sí que es un consuelo -egoísta- saber que no soy la única, la verdad 😀 . Es muy fácil empezar con la autoflagelación cuando no salen las cosas.

      La verdad es que cuando escribí la entrada de ayer estaba un poco quemada, por decirlo suavemente… Al final he conseguido editar hora y pico hoy. Eso sí, he dormido cinco. Son casi las diez de la noche aquí y se me caen los ojos.

      Y sí que voy a tener que hacer algún cálculo como el que has puesto. He imprimido todo el manuscrito (notas incluidas -pesa más que mi sobrina de cinco meses) y estoy con un boli rojo, post-its y mucha paciencia. Puedo contar las páginas que he editado esta mañana y hacer un cálculo a partir de ahí. Es buena idea.

      Y ánimo a ti también. Da igual cuántas malas rachas tengamos y cuánto duren, porque no vamos a rendirnos. ¡Con nosotros no van a poder! 😀

      Un abrazo

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