Cuando no podemos dejar de editar

Hoy vengo a hablar de un problema que tengo que solucionar YA, al menos si quiero avanzar con mi escritura.

Cuando abrí este blog, dije que iba a utilizarlo para compartir lo que fuese aprendiendo por el camino (el camino de labrarme una carrera como escritora, se entiende). Eso incluye los problemas con los que me voy encontrando, que son bastantes, pero hoy voy a centrarme solo en uno:

Cuando no podemos dar por terminado un trabajo, o dicho de otra manera, cuando no podemos dejar de editar.

edit-all-the-words
Todos los buenos escritores empezaron siendo malos. O, al menos, no tan buenos como son ahora.

Muchos escritores que ahora tienen fama y fortuna y novelas varias, empezaron su carrera no siendo buenos.

Echa un vistazo a los primeros libros de cualquier escritor. Los primeros libros de Nora Roberts, por ejemplo: están tan lejos de ser buenos que son hasta malos. Ni siquiera parece que los haya escrito la misma persona.

Esto es lo normal. La gente aprende poco a poco, crece como profesional, mejora con la práctica y con el tiempo. Es lo normal, lo habitual.

Y lo tenemos asumido en un montón de profesiones y aficiones: que para ser bueno, primero hay que ser malo. Primero hay que aprender.

Pero no en la escritura. Nosotros, cuando escribimos, no nos damos ese tiempo de aprendizaje. No nos damos esa libertad de «no ser buenos» al principio. No asumimos que las primeras dos, cinco o diez novelas, o las que sean, no van a ser buenas. Van a ser tan no buenas que probablemente sean malas.

Y no pasa nada.

En realidad, probablemente el libro, el cuento, el post que nos da tanto miedo publicar no sea tan malo. Lo más probable es que sea mediocre (que quiere decir que está en la media). A veces sí, será malísimo. Sobre todo al principio. O pasable, ni bueno ni malo. Pero mejorará cuanto más practiquemos, cuanto más aprendamos.

Ser malo también forma parte del proceso de aprendizaje, y tenemos que pasar por ello, no intentar evitarlo. No editar algo hasta la extenuación, hasta que esté «perfecto». No esperar a publicar hasta que tengamos algo «perfecto».

Editando infinitamente una novela no aprendemos. Publicando esa novela, como mejor podamos hacerla, como “no esté mal”, y poniéndonos a escribir otra, y luego otra, es como aprendemos.

A escribir se aprende escribiendo, publicando, dejando que nos lluevan las críticas, y volviendo a escribir.

No podemos esperar a ser buenos para empezar nuestra carrera literaria, para publicar, porque entonces no lo haremos nunca.

La lucha


Todo esto que acabo de escribir, que sé que es así, que mi cabeza me dice que es así, no consigo llevarlo a la práctica. No consigo aplicarme el cuento.

Es algo contra lo que siempre estoy luchando. Primero, con este blog. Mi intención era publicar una entrada por semana. Tengo un montón de borradores sobre temas de los que quiero hablar. Pero ninguno es perfecto. Porque no sigue una estructura, no me explico bien, igual la gente no me entiende, a quién le va a interesar lo que digo, etc.

Y mientras, este blog languidece. Cuando lo que debería estar haciendo es aprovechar ahora, que el blog es nuevo, para practicar y equivocarme. No esperar a tener un artículo perfecto para publicarlo. Es un blog, no el Washington Post.

Ejemplo dos, y la razón por la que he venido aquí a desahogarme: mis libros. O mejor dicho: libro, en singular. El verano pasado, cuando me decidí por fin a ponerme en serio y escribir todos los días, en vez de empezar con una de las novelas que tengo planeadas desde hace años cogí una idea sin desarrollar, algo de lo que no había planeado nada, para divertirme, pasar un buen rato, y planeé escribir una trilogía que debería haber estado publicada antes de final de año.

Bien. Ahora mismo, sigo editando el primer libro de la trilogía.

El primer libro.

He ido retrasando la fecha de publicación una y otra vez. No sé las veces que he vuelto sobre las mismas escenas, reescribiendo hasta el infinito; las veces que he cambiado el argumento para que sea «redondo» y todos los personajes interesantes y blablabla. Estoy convencida no solo de que no lo he conseguido, sino de que el libro estaba bastante mejor antes de empezar a editarlo. Más fresco. Se leía menos como un prospecto. También es verdad que ya no soy objetiva, ya no sé ni lo que está bien ni lo que está mal.

De hecho, le estoy cogiendo manía al libro. De verdad, si no tuviese que poner los ojos sobre él nunca más, sería una persona feliz.

Lo escribí en 30 días, entre julio y agosto de 2015, y llevo ya 89 (sí, llevo la cuenta) editándolo.

Y no. Esto tiene que acabar.

Es lo que es. Es un libro ligero, para pasar el rato, no es perfecto. No es perfecto en absoluto. Pero es que no lo escribí para que lo fuera. Lo escribí para divertirme, y para que otras personas pasasen un rato entretenido leyéndolo. No para ganar premios. No es tan importante.

El reto


Como las promesas inconcretas se las lleva el viento, voy a dejar aquí un reto que se me acaba de ocurrir -literalmente, mientras repasaba el borrador del post en WordPress-. Bueno, más que un reto es una fecha límite: el 10 de abril. El 10 de abril es la fecha límite inamovible para publicar mi novela en formato electrónico. Ya sé que parece muchísimo tiempo, pero esta semana viajo a España otra vez y mi tiempo libre va a ser muy, muy reducido. He elegido el 10 de abril porque es la semana que vuelvo otra vez a Londres, y tendré un par de días tranquilos para repasar todo y asegurarme de que no voy a meter la pata (mucho) 😀 .

Así que aquí lo dejo. Espero que me sirva para dar por terminada la novela de una vez por todas. Y al blog pongo por testigo de que no volveré a caer en la misma trampa (o al menos lo intentaré con todas mis fuerzas).

Y a vosotros os digo que tampoco lo hagáis. No os dejéis atrapar en un ciclo de retoque infinito. Escribid lo mejor que podáis en ese momento y olvidaos de ser perfectos. No vamos a ser buenos al principio, y lo mejor es asumirlo y seguir adelante. Vamos a ser malos. De hecho, debemos ser malos. Si no somos malos primero, nunca llegaremos a escribir bien. Es inevitable.

Cuando la gente empieza a andar en bicicleta, se cae. Y no por eso tiran la toalla.

No veo a nadie diciendo «hasta que no sepa andar en bicicleta a la perfección y sepa que no me voy a caer, no voy a montarme en una bici».

No hay otra opción. No hay otro camino. Tenemos que caernos, hacernos daño, luego levantarnos, sacudirnos el polvo de la ropa y volver a caernos.

Cuanto antes lo aceptemos -y eso también va por mí-, mejor para nosotros.

Y ahora voy a TERMINAR de editar el libro.

Y a publicar esto en el blog, lo prometo 🙂 ¡Tengo que predicar con el ejemplo!

Gracias por leer.

1 comment on “Cuando no podemos dejar de editar

  1. No hay truco fácil para evitar el síndrome de la edición interminable, Lorena. El único consejo que puedo darte es que reconozcas desde el principio que tu libro no va a ser perfecto, sin importar las horas de trabajo que inviertas. Una vez que asumas esa verdad, es más fácil dejarlo ir.
    Publiqué mi primer libro, La Cosmonave Perdida, con muchos más fallos de los que quisiera reconocer y, a pesar de todos ellos, se vendió y se sigue vendiendo. Los lectores pueden perdonar muchas cosas si logras sumergirlos en la historia, no lo olvides.
    Salu2!

Los comentarios están cerrados.