Estoy escribiendo el título, y no me puedo creer que hayan pasado ya cuatro meses de 2016. Lo peor es que este era un balance trimestral, pero he tardado tanto tiempo en publicar el post que he tenido que modificarlo para incluir abril.
Un tercio de año.
Pero no nos agobiemos. Todavía.
Antes del balance tengo que decir, sobre el reto que lancé aquí el 5 de marzo, que obviamente no terminé y publiqué mi novela para el 10 de abril (ooooooh). Soy una luser.
El caso es que no iba mal. Tenía un calendario con todas las fases del proyecto pegado en la pared, tenía a mis beta readers (tres, y en diferentes grados de parentesco, así que la sinceridad estaba más o menos garantizada), cuando la vida real (o el resto de mi vida que no es escritura), empezó a írseme de las manos y a inundar todos los espacios del día. Así que no pude dedicar nada de tiempo a la novela desde mediados de marzo hasta mediados de abril, más o menos.
Lo peor es que no puedo evitar sentirme culpable, aunque las circunstancias -felices, afortunadamente- que me quitaron el tiempo escaparan a mi control:
– Vaciar una casa familiar (la casa de mi infancia) con más de treinta años de recuerdos y objetos varios, para dejar paso a nuevos dueños.
– La llegada de un nuevo miembro a la familia (¡ya tengo cuatro sobrinos! :D).
– El pico más alto de trabajo de toda mi vida freelance, sin exagerar. Concentrado en poco más de dos semanas.
Para rematar, después de todo esto y cuando ya estaba de vuelta en Londres, se me reactivó la tendinitis en el hombro derecho que tengo desde que me dedicaba a picar código 12 horas al día (allá por el pleistoceno) y que vuelve de vez en cuando, y cuyo único remedio es reposar. No utilizar el brazo ni para diseñar, ni para escribir, ni para nada.
A pesar de todo esto, no puedo quitarme de encima la sensación de que he fracasado, de que podía haber hecho más. Lo cual era imposible, porque funcionaba con 5 horas de sueño de media al día. No podía haberme levantado una hora más pronto para terminar la novela, ni haberme acostado una hora más tarde. Utilizaba esas horas para trabajar, hasta que me caía medio dormida encima del ordenador.
Así que aquí estoy, con un reto perdido, una novela inacabada (snif) y un balance del primer trimestre cuatrimestre del 2016 un poco pobre.
Pero no puedo utilizar el bache como excusa para dormirme en los laureles. Toca seguir trabajando y plantearse otros retos. De momento no voy a ponerme ninguna fecha concreta para publicar, porque he recuperado el hombro hace poco y no quiero forzarlo. También quiero reorganizar y priorizar ideas. Tengo mucho en qué pensar.
El balance
Palabras escritas:
Una explicación breve: en estos primeros meses las palabras planeadas son menos porque estoy editando, y solo apunto las nuevas palabras que incluyo.
La cantidad de palabras del resto de meses no está todavía fija, la voy ajustando mientras pasan los meses (pero teniendo 350 mil palabras como meta para el total del año).
Otras cosas: formación, etc.
He tenido que leer mi propio post sobre planes para 2016 para saber qué me había propuesto hacer, lo cual en sí mismo ya no es una buena señal.
No he vuelto todavía al curso de James Patterson. Un lector me escribió para preguntarme si merecía la pena, y la verdad es que no pude decirle mucho, ya que solo había visto las primeras cinco lecciones. Mi intención era hacerlo en mayo, aunque mi prioridad es la novela. También me apunté en marzo a una “lecture” de las que hay en la web de Dean Wesley Smith, sobre motivación para escribir, pero ya hablaré de ella con más detalle, porque aunque me vi todos los vídeos seguidos nada más apuntarme, no pude tomar notas y necesito volver a verla. Apenas me acuerdo de nada.
En cuanto a libros de escritura, leí uno bastante interesante de Chris Fox en el avión de ida a España, pero me pasa lo mismo, no he vuelto a repasarlo ni he tomado notas. Tengo que mejorar esto, porque leo un montón de libros sobre escritura, algunos me encantan pero no apunto cuáles son, u olvido que los estaba leyendo y los dejo a medias, o veo algo interesante que quiero apuntar pero no lo hago y luego lo olvido. Lo mismo con los cursos de escritura. Tengo que empezar a llevar un control de todas las cosas que hago.
En cuanto a llevar este blog al día, establecer mi presencia online como escritora, apuntarme a un grupo de escritura, hacer un plan de negocio… sigo exactamente igual que antes de empezar el año.
Conclusión
Fatal. Sí es cierto que ha habido circunstancias atenuantes, pero el balance de los primeros cuatro meses del año es francamente malo. En prácticamente todos los aspectos, pero sobre todo en el más importante: no tengo todavía ninguna novela publicada. Y eso es esencial.
Toca hacer una reflexión profunda sobre qué quiero hacer, adónde quiero llegar y cómo lo voy a hacer. Llevo ya tiempo dándole vueltas a la cabeza. Lo que está claro es que no se puede seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos. Es absurdo seguir por el mismo camino cuando no se están consiguiendo resultados.
Y de momento eso es todo. A ver si el resto del año es mejor que lo que llevo, pero la verdad es que he empezado un poco floja. Afortunadamente, todavía queda mucho año por delante.
Gracias por leer 🙂




Hola, Lorena:
Me alegro de que hayas hecho un balance sincero. Somos muy pocos los escritores que lo hacemos y es más fácil contar solo lo bueno y olvidarse de todos los problemas que afronta uno para alcanzar lo que desea. Te felicito, de verdad.
De todas formas, no te flageles más de la cuenta. Como bien sabes, shit happens, así que olvídate de desafíos, retos y otras zarandajas y dedícate a trabajar cada día en tu novela. Puede que sea un cuarto de hora o dos horas, pero dedícale tiempo. Cuanto te quieras dar cuenta, estarás mucho más cerca de publicarla que antes, y te lo dice un experto en entretenerse mirando el bosque cuando debe ir árbol a árbol.
Con respecto a las palabras escritas, yo no me obsesionaría mucho. Es tu primer año y no tienes nada con qué comparar, así que cuando llegue diciembre, cualquier resultado que obtengas será cojonudo. Afróntalo así y no te pongas objetivos, solo escribe. Con el segundo año será diferente y ahí ya podrás castigarte lo que quieras.
En cuanto a formación, la mejor formación que puedes recibir ahora es escribir, escribir, escribir y seguir escribiendo. Sea en tu novela o en el blog, pero escribe y hazlo público. Nunca aprenderás si no te equivocas. Y si la vida real se pone por en medio, respira hondo y trabaja más duro al día siguiente. El año es muy largo y no puedes medir el éxito por dos meses malos.
¡Un abrazo!
Gracias por los consejos, Miguel Ángel.
La verdad es que tienes razón, lo mejor será que simplifique y no me agobie. Pero es tan fácil desanimarse cuando no vemos resultados…
Me pasa un poco como a ti, estoy en un momento en el que por circunstancias puedo dedicarme a escribir buena parte del día (cuando shit doesn’t happen, por supuesto 😉 ) y veo que no estoy aprovechando el tiempo. Sé que tengo que trabajar más, esforzarme más, pero es ahí donde fallo. Estoy haciendo una auditoría interna 😀 y me temo que se avecina post catártico…
Lo de no tener con qué comparar también es cierto. No puedo saber cuánto voy a tardar en publicar una novela si nunca lo he hecho antes; por muchos retos y desafíos que me ponga, se basan solo en suposiciones, así que tampoco es que me sirvan de mucho.
Muchas gracias por todos los ánimos, por leer y por el tiempo 🙂 . ¡Un abrazo!