Siguiendo los pasos del gran Miguel Ángel Alonso Pulido (al menos en parte, porque él tiene la suficiente constancia como para hacerlo cada mes), voy a hacer un balance de cómo me ha ido la escritura en este año que acaba de terminar.
Este blog tiene muy poco tiempo de vida y por tanto supongo que pocos lectores, pero no podía dejar pasar este primer día del año sin hacer balance. Sobre todo del que ha sido un año muy importante para mí, el 2015: el año que empecé a escribir en serio.
Llevo escuchando podcast y siguiendo blogs sobre escritura casi 3 años, pero este verano me tropecé con dos sitios que cambiaron mi manera de enfrentarme a la escritura: el blog de Dean Weasley Smith y la comunidad de kboards (Writers’ Cafe, la zona de los escritores).
El primero me animó porque me dio permiso para escribir como lo hacía cuando era pequeña, a lo que salga, por diversión, sin planear. Dejé de intentar hacer outlines, planear la novela al detalle, algo que pensé que era imprescindible para cualquier escritor “serio” pero que me aburría mortalmente. De hecho, casi nunca pasaba de esa fase. Tengo un montón de ideas de novelas planeadas escena por escena. Ninguna escrita.
Una vez que sabía lo que iba a pasar en todo momento, me aburría enseguida.
Kboards (Writers’ Cafe) es un foro de escritores donde procuro no pasar demasiado tiempo, porque se me van las horas leyendo (y recordad: leer sobre escribir NO es escribir), pero que me descubrió a un montón de gente que vivía de la escritura (o que estaba empezando, como yo). Ojo: que viven de la escritura, no que se han hecho ricos con ella. Vivir de la escritura hoy en día es posible, y es a lo que yo aspiro.
En esos dos lugares aprendí un montón de cosas sobre la parte «práctica» de la escritura, como por ejemplo a planear y plantearme cómo quería que fuese mi carrera literaria, y me sirvieron para reafirmarme en la idea de que la escritura es un negocio, una profesión, y si quiero empezar a ganarme la vida con ella tengo que tratarla como tal.
Pero bueno, al lío:
Mi plan anual
El 16 de julio del 2015 fue el día exacto en que empecé a tomarme la escritura en serio. Decidí empezar a escribir todos los días, pero empezando poco a poco, de forma realista.
Me planteé los siguientes retos:
Julio: 500 palabras al día para los 16 días que quedaban (del 16 al 31, ambos inclusive): 8.000 palabras.
Agosto: 500 palabras al día = 15.500 palabras
Septiembre: 1.000 palabras al día = 30.000 palabras.
Octubre: 1.000 palabras al día = 31.000 palabras.
Noviembre (NaNoWriMo): 2.000 palabras al día = 60.000 palabras.
Diciembre: 2.000 palabras al día = 62.000 palabras.
Total palabras en lo que quedaba de año: 206.000 palabras.
Como veis, me planteé ir subiendo las palabras diarias poco a poco.
Pero, ¿qué escribir? El objetivo era empezar y terminar una trilogía de novelas (de la cual tenía solo una vaga idea inicial), y publicarla en Amazon (en papel y ebook) a principios de diciembre, para que estuviese disponible en navidades.
El resultado
Como veréis en el siguiente pantallazo de mi hoja de cálculo, una cosa son los planes y otra la vida real, con los obstáculos que va poniendo en el camino. Pero lo bueno está en aprender a salvarlos, o a rodearlos, en su defecto. A no darnos nunca por vencidos, aunque los planes se vayan al traste:
La hoja de cálculo me la descargué de esta dirección (ahora hay colgados varios diseños para 2016), pero tenía algún fallo en alguno de los campos, así que fijaos solamente en las palabras escritas y las planeadas.
En julio y agosto me fue muy bien, no tengo ninguna queja. Escribí todo lo que tenía planeado y más sin ningún problema. Lo cual me lleva a mi primera conclusión: si estáis en racha y podéis escribir más de lo planeado, aprovechad. Nunca sabremos qué día no vamos a poder escribir por circunstancias, y entonces nos serán útiles esas palabras de más.
De hecho, terminé el primer borrador de la primera novela de la trilogía el 13 de agosto, menos de un mes después de haberla empezado.
Todo me iba genial hasta que me encontré con el primero de los escollos: vine a España de vacaciones. Que evidentemente, un drama no es ;), pero me explico:
Tengo comprobado que cada vez que vuelvo a casa, todos los planes y los buenos hábitos que he ido adquiriendo saltan por la ventana. Me ha pasado con todo tipo de cosas: con hacer ejercicio, con salir a correr… Vengo a España y empiezo a quedar con gente y hacer cosas, y me quedo sin tiempo para absolutamente nada, y cuando vuelvo a Londres tengo que empezar casi de cero.
Esta vez estuve solo un par de semanas, pero fueron suficiente para paralizar totalmente la segunda novela de la trilogía, en la que estaba inmersa entonces. Unos problemas en mi piso que se alargaron durante todas las vacaciones (divertidísimo) me hicieron darme cuenta de que no iba a ser capaz de seguir el ritmo que me había marcado. Así que la segunda novela se quedó estancada, y el plan de publicar antes de final de año peligraba.
De aquí saqué otra lección: tener en cuenta el parón durante las vacaciones. No pretender trabajar al mismo ritmo que el resto de días del año, porque es absurdo.
Al volver a Londres me cogí uno de mis catarros de avión -cuidado los que viajéis a menudo: si el vuelo te pilla bajo de defensas es muy fácil pillar un buen trancazo con el aire refrigerado- que me dejaron fuera de juego unos cuantos días más.
El resultado, podéis verlo vosotros mismos: un septiembre por debajo del plan, y un octubre aún peor. Una vez se pierde el hábito de escribir todos los días, es muy difícil recuperarlo.
Entonces llegó noviembre, y con él NaNoWriMo. Gracias a la comunidad de gente escribiendo a la vez y a alguna quedada virtual de los nanos londinenses, conseguí escribir bastante. No 2.000 palabras al día, pero casi.
Ya se me había pasado el plazo que me había marcado para publicar mi trilogía antes de final de año. Era evidente ya a esas alturas que el plan era demasiado ambicioso, sobre todo con mi falta de experiencia. Pero me sirvió para desafiarme a mí misma y ver de qué era capaz. Y así, cuando terminó noviembre, me encontré con que tenía dos primeros borradores de novela (las dos primeras de la trilogía) y el comienzo de la tercera.
Y por fin llegó Diciembre
No estaba contenta con cómo estaba saliendo la tercera novela, así que decidí dedicar diciembre a darme un respiro de escribir palabras nuevas a toda velocidad (que después del NaNo se agradece) y revisar lo que tenía escrito hasta entonces. Así que eso he hecho: este mes pasado lo he dedicado a editar la primera novela, para conocer mejor a los personajes y la historia, y tener una mejor idea de lo que escribir en la tercera (y última) entrega de la trilogía.
Empecé el 4 de diciembre y tracé un plan bastante conservador: 30 horas de edición en lo que quedaba de mes, para terminar imprimiendo la novela y hacer un último repaso de faltas y errores. Mientras hacía esto, también contar las palabras nuevas y meterlas en la hoja de cálculo.
Y otra vez me he quedado corta: me ha pasado en diciembre lo mismo que en septiembre. Me vine a España el día 15 para pasar las primeras Navidades en casa en tres años, y claro. Mis días han estado a rebosar de compromisos, comidas y cenas navideñas, comprar regalos… Y a pesar de que tenía ganas de trabajar, y 30 horas no son muchas en casi un mes, apenas me ha quedado tiempo, media hora o incluso menos algunas noches al llegar a casa para editar un trocito de novela.
A todo esto se suma que de repente he tenido varios pedidos de portadas a la vez, y obviamente esos trabajos tienen prioridad.
La última semana de diciembre tomé la decisión de no agobiarme, y hacer lo que pudiese y me diese tiempo.
Así que el resultado ha sido 15 horas y 50 minutos de edición en diciembre, sobre las 30 horas proyectadas.
No me importa porque al final he venido a disfrutar de la familia y eso es lo importante, no agobiarme por no cumplir los planes.
Lo malo es que me quedan 12 días más de enero en España, así que a partir del lunes 4 tendré que intentar retomar mi jornada laboral lo mejor que pueda.
Conclusión
Algunos meses podían haber sido mejores, pero he escrito 170.576 palabras nuevas este año (desde el 16 de julio que empecé a apuntarlas), y estoy bastante contenta.
También estoy organizando mi escritura y he conseguido escribir todos los días durante buena parte de este año.
En cuanto a los planes de publicación de las novelas, tengo que repensarlos desde el principio. Ya no estoy tan convencida de publicar las tres novelas a la vez. Creo que las publicaré una a una, para no eternizarme. Pero es algo que pensaré cuando llegue el 4 de enero 🙂
Y antes de terminar…
¡¡Feliz año nuevo a todos!!
Que este año nuevo nos traiga a todos cientos de miles de palabras escritas, ¡y que además sean buenas! 😀
Gracias por leer.




Muy buenas, Lorena, y ¡feliz Año Nuevo!
Enhorabuena por tu balance de año. No es que yo sea un grande que merezca la pena copiar, pero el tema de rendir cuentas de manera pública es algo muy bueno, y nos sirve para vencer la Resistencia y ponernos a escribir. De hecho, tu balance es infinitamente mejor que el mío (ya lo verás el jueves cuando lo publique) y estoy seguro de que te servirá como base para conseguir años mucho mejores.
En cuanto a las cosas que se van interponiendo en el camino y los problemas de la vida diaria, ya has visto que aparecen cuando uno menos se lo espera y te fastidian todos tus planes. Pero lo importante no son las veces que te has caído, sino las que te levantas, y ya veo que estás de nuevo en pie 🙂
¡Saludos!
¡Feliz año nuevo, Miguel Ángel! Y gracias 😀
En cuanto a lo de grande… Para mí, dos años de blog es algo bastante impresionante, sobre todo porque yo aún estoy poniendo los andamios 😀
La verdad es que estoy bastante contenta con el balance anual en cuanto a palabras escritas. Me habría gustado tener también algo terminado y publicado, pero bueno, espero subsanarlo en el primer trimestre del año.
Voy rauda y veloz a leer tus entradas de los últimos días, que con tanta fiesta estoy desconectada.
¡Saludos!
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