Este año vuelvo a participar en NaNoWriMo, y ya van diez (y once ediciones, contando esta).
Corría el año 2007 cuando me enteré de la existencia de NaNoWriMo. La verdad es que no recuerdo cómo fue, solo recuerdo que era 31 de octubre y me apunté inmediatamente, sin entender muy bien cómo funcionaba. En aquella época la página web apenas estaba traducida al español, y mi inglés estaba entonces en ese terrible “nivel medio” que supuestamente todos teníamos cuando acabábamos el instituto 😀
La novela que escribí aquel 2007 (y que afortunadamente he perdido) era terrible, pero conseguí terminarla después de “picarme” (virtualmente hablando) con un español que vivía en Japón. Recuerdo que el día 18 de noviembre llevaba alrededor de 11 000 palabras escritas, y tuve que escribir las 39 000 restantes en 12 días.
Recuerdo también que fue el noviembre más ajetreado de mi vida. Me mudé a mi primer piso realmente mío (bueno, del banco, para qué nos vamos a engañar). Nació mi sobrina, un martes y 13. Recuerdo haber escrito en la sala de espera de maternidad, en una libreta minúscula que llevaba en el bolso.
Han pasado diez años desde aquel primer NaNoWriMo, y nunca he dejado de participar. Lo he utilizado para practicar mi escritura, para intentar ser más disciplinada, para retarme a mí misma, como el año que conseguí llegar a cincuenta mil palabras el día 8 de noviembre y acabé el mes con más de cien mil. También para superar las pérdidas que la edad adulta y los años nos traen de forma inevitable, para conocer a gente cuando acababa de llegar a un país extranjero y me perdía buscando los sitios de los write-ins…
Llegar a las 50 000 palabras se ha convertido en mi pequeño ritual de todos los noviembres. Da igual el resultado: hay algunas novelas que nunca verán la luz del sol, hay otras que no podrán porque se perdieron en formateos y cambios de ordenador varios, y hay varias que están esperando su oportunidad para ser revisadas, en la cola de los trabajos pendientes. Los últimos tres años he utilizado NaNoWriMo para escribir las primeras entregas de varias trilogías que tengo planeadas. De esta manera puedo ver si me gusta la idea, si tengo suficiente material, si me siento cómoda escribiéndolas. Puedo jugar con el tono y el enfoque. Nunca me he sentido más libre para experimentar como durante NaNoWriMo. Quizás por eso siempre he llegado a la meta, porque lo veo más como un juego o un ensayo, algo relajado para pasar el tiempo.
Así que aquí estoy, otro 1 de noviembre (¡y van once!), con el contador recién actualizado con mis primeras 1 697 palabras.
Por todo lo que significa para mí, y porque es también la única cosa en la que he sido constante, no puedo dejar de participar. Da igual en medio de qué esté cuando llegue noviembre, da igual que no tenga tiempo o ideas, dejo todo aparcado y me siento a escribir mis palabras diarias. Porque la vida cambia y es bueno tener una pequeña ancla, algo que seguirá siempre ahí mientras nosotros estemos.
Por todo eso y por lo que llegue, seguiré participando en NaNoWriMo.
¡Gracias por leer!



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